top of page
Yoga somático. Siente tu cuerpo


En un mercado repleto de propuestas centradas en la exigencia física, la estética o el rendimiento, cada vez encontramos más espacios que nos invitan a relacionarnos con el cuerpo de otra manera. En el ritmo diario en el que vivimos, es muy fácil convertir nuestra mente en una "torre de control" y tratar al cuerpo como un simple vehículo de transporte: algo que nos lleva de un lado a otro, que se fatiga, que a veces duele o molesta, pero al que rara vez escuchamos con verdadera presencia.

Nos acostumbramos a pensar el cuerpo en lugar de habitarlo.

Nos miramos desde fuera, juzgamos nuestra postura, nuestro cansancio o nuestra tensión, pero nos olvidamos de la experiencia interna: de sentir cómo se mueve la respiración, el peso del cuerpo entregándose a la tierra o los pequeños cambios que aparecen en cada movimiento.

Habitar el cuerpo es una de esas invitaciones.

Es una expresión que escuchamos con frecuencia en mis clases y sesiones.

Pero, cuando decimos “habita tu cuerpo” ¿Qué significa realmente?

No significa simplemente estar dentro de él. Significa aprender a sentirlo, escucharlo y reconocer sus señales desde dentro, sin convertir cada sensación en algo que haya que corregir o cambiar.

Habitar el cuerpo es pasar de mirarlo a sentirlo.


Y este cambio, aparentemente sencillo, puede transformar profundamente nuestra manera de movernos, de relacionarnos con nosotros mismos y de estar en el mundo.


De objeto a sujeto: cambiar nuestra manera de mirar el cuerpo


Durante mucho tiempo hemos aprendido a relacionarnos con nuestro cuerpo principalmente desde fuera. Cómo se ve. Cómo debería ser. Qué habría que adelgazar, fortalecer, corregir o mejorar, etc.

El cuerpo puede convertirse así en un proyecto permanente: algo que tenemos que cuidar, transformar o mantener bajo control.

Pero hay otra posibilidad: experimentar el cuerpo desde dentro.

Sentir el peso de los pies sobre el suelo. Percibir cómo se mueve la respiración. Notar el movimiento de la columna. Reconocer la tensión que aparece en los hombros.

No para juzgar lo que encontramos. Simplemente para darnos cuenta.

Cuando dejamos de mirar el cuerpo únicamente como un objeto y empezamos a experimentarlo como parte de nuestra propia experiencia, aparece una relación diferente con él.

Ya no se trata solamente de preguntarnos:

¿Cómo está mi cuerpo? Sino también: ¿Cómo me siento dentro de mi cuerpo?

Sentir y orientarnos desde dentro

Habitar el cuerpo también implica desarrollar nuestra capacidad para percibir lo que está sucediendo en él.

La propiocepción nos permite orientarnos en el espacio y reconocer la posición y el movimiento de nuestro cuerpo. Pero nuestra experiencia corporal es mucho más amplia.

También podemos percibir la respiración, el ritmo interno, la tensión, el cansancio, la temperatura o diferentes cambios en nuestro estado...

Son señales que están ahí constantemente. Sin embargo, muchas veces vivimos tan volcados hacia fuera que dejamos de escucharlas. Seguimos trabajando cuando estamos cansados. Seguimos haciendo cuando necesitamos parar. Seguimos exigiéndonos cuando nuestro cuerpo está pidiendo otra cosa.

No porque no tengamos señales.

Sino porque hemos aprendido a ignorarlas.

Habitar el cuerpo es recuperar poco a poco esa escucha.

No necesitamos interpretar inmediatamente todo lo que sentimos. A veces basta con poder reconocer: "Esto es lo que está pasando ahora".

Presencia sin juicio

Habitar el cuerpo tampoco significa buscar únicamente sensaciones agradables.

Esta es una diferencia importante. En ocasiones podemos encontrarnos con tensión, cansancio, incomodidad, inquietud o incluso con sensaciones que preferiríamos no sentir.

La invitación no es obligarnos a permanecer ahí ni intentar relajarnos a toda costa.

Es poder acercarnos a nuestra experiencia con curiosidad y menos exigencia.

Preguntarnos:

"¿Puedo sentir esto sin tener que cambiarlo inmediatamente?"

A veces, cuando dejamos de luchar contra una sensación, nuestra relación con ella empieza a cambiar.

No necesariamente porque desaparezca, sino porque dejamos de añadir una segunda capa de tensión: "Esto no debería estar aquí. Tendría que estar mejor. Tengo que conseguir relajarme"...

Habitar el cuerpo también es aprender a estar con lo que hay.

Del hacer al sentir

Estamos muy acostumbrados a hacer. Hacer ejercicio. Alcanzar una postura. Estirar más. Fortalecer. Corregir. Conseguir, etc. Incluso en yoga podemos entrar fácilmente en esta lógica. Intentamos hacer la postura correctamente, llegar más lejos o conseguir que nuestro cuerpo se parezca a una determinada forma.

Pero podemos introducir otra pregunta:

¿Qué estoy sintiendo mientras hago?

Esta pregunta cambia la experiencia. El movimiento deja de ser únicamente algo que ejecutamos y puede convertirse también en una forma de escucharnos.

Quizá descubres que hoy necesitas menos intensidad. O que un movimiento pequeño resulta más interesante que uno grande. O que respirar de una determinada manera cambia cómo percibes una zona del cuerpo. O que puedes permanecer en una postura sin necesidad de llevarla al límite.

El objetivo deja de ser conseguir una forma y empieza a ser conocer mejor tu experiencia.

Habitar el cuerpo también es reconocer nuestros límites

Escuchar el cuerpo no significa hacer siempre lo que nos apetece.

Significa poder reconocer cuándo algo necesita más espacio, cuándo necesitamos parar, cuándo podemos avanzar y cuándo necesitamos cambiar de dirección. Los límites corporales no son necesariamente obstáculos. También pueden ser información.

En una práctica de movimiento consciente podemos aprender a diferenciar entre esfuerzo y exceso, entre una sensación nueva y una señal de alarma, entre el deseo de explorar y la necesidad de detenernos. Esta escucha requiere tiempo. Y requiere algo que nuestra cultura no siempre favorece: ir más despacio.

Qué relación tiene todo esto con el yoga somático?

El yoga somático propone una manera de acercarnos a la práctica en la que la experiencia interna tiene tanto valor como la forma externa.

No se trata únicamente de hacer una postura de una determinada manera porque alguien nos diga cómo debe ser. Se trata de explorar. Sentir. Comparar. Observar.

Encontrar diferentes posibilidades de movimiento.

En una práctica de yoga somático puede haber momentos de quietud y momentos de movimiento, respiración, exploración corporal, pausas y diferentes propuestas de yoga.

La pregunta no es únicamente:

¿Puedo hacer esta postura?

También puede ser:

¿Cómo se siente hacerla de esta manera?

Y esa diferencia abre un espacio enorme para la conciencia corporal.

Habitar el cuerpo no es sentirlo todo

A veces podemos pensar que estar más conectados con nuestro cuerpo significa ser conscientes de cada sensación constantemente. No es necesario.

Habitar el cuerpo no significa estar pendientes de él todo el tiempo.

Significa poder volver a él.

Volver a los pies cuando estamos demasiado en la cabeza.

Volver a la respiración cuando hemos perdido el ritmo.

Volver al movimiento cuando llevamos demasiado tiempo inmóviles.

Volver a sentirnos cuando hemos pasado muchas horas funcionando en automático.

No se trata de permanecer siempre conectados.


Se trata de recuperar la capacidad de regresar

Persona meditando

Un acto de retorno a casa


Bajar de la cabeza al cuerpo: dejar por un momento el diálogo mental constante y llevar nuestra atención hacia las sensaciones, la respiración y el movimiento.

Escuchar sin juzgar: permitir que la tensión, la rigidez, el cansancio o la sensibilidad estén presentes sin apresurarnos a corregirlos o hacerlos desaparecer.

Desarrollar la percepción corporal: reconocer dónde estamos, cómo nos estamos moviendo y qué sensaciones aparecen mientras respiramos, nos desplazamos o permanecemos quietos.

Cuando estamos realmente presentes en una postura, la práctica deja de ser únicamente una ejecución mecánica para convertirse en una experiencia sensorial.

La pregunta deja de ser solamente “¿estoy haciendo bien esta postura?” y aparece otra:

“¿Qué estoy sintiendo mientras estoy aquí?”

La textura de la experiencia interna

Cuando cerramos los ojos, disminuimos el ritmo y nos permitimos permanecer unos instantes en quietud, podemos empezar a percibir cosas que normalmente pasan desapercibidas.

Quizá aparece calor.

Una sensación de expansión. Una pulsación. El movimiento de la respiración.

Una zona del cuerpo que antes no estábamos sintiendo. O simplemente una mayor sensación de presencia. No necesitamos ponerle una explicación inmediata.

Podemos simplemente sentir.


Habitar el cuerpo no es algo que se logre solo leyendo o pensando; es un entrenamiento constante. Mis clases son un espacio de pausa diseñado para acompañarte a bajar el ritmo, escuchar lo que necesitas y practicar este retorno a ti.


Marta Lorme

Yoga somático, movimiento y regulación sistema nervioso.

Con calma y presencia










Si has llegado hasta aquí, es muy probable que te reconozcas en el ritmo diario actual: hombros cargados, mandíbula apretada, la respiración corta en el pecho y una sensación constante de alerta o prisa.


Vives con estrés, ansiedad y tensión acumulada en el cuerpo, y buscas una forma eficaz de liberar esa incomodidad física —como el dolor de cuello y hombros, la rigidez en la espalda o la carga muscular— que no te deja descansar.

Seguramente ya sabes que "tienes que relajarte", pero decírselo a la mente no funciona cuando el cuerpo está saturado. La práctica de yoga es una de las herramientas más valiosas para el manejo del estrés, pero cuando la abordamos desde la perspectiva somática, los beneficios se multiplican.

En este artículo descubrirás por qué el yoga ayuda a liberar la tensión física y cómo 3 micro-prácticas somáticas sencillas te permiten calmar el sistema nervioso y pasar de la tensión a la calma en cuestión de 5 minutos, estés donde estés.


¿Por qué el Yoga Somático ayuda a Calmar el Sistema Nervioso y el Nervio Vago? ¿¿

Tradicionalmente, el yoga nos invita a mover el cuerpo, estirar la musculatura rígida y conectar con la respiración. Sin embargo, muchas veces intentamos hacer las posturas (asanas) desde la exigencia o la fuerza, lo que puede generar más tensión de la que intenta liberar.

Aquí es donde entra la educación somática.

El yoga somático une lo mejor de la tradición del yoga con la neurobiología moderna.

No se centra en la alineación perfecta ni en la estética de la postura, sino en cómo sientes el movimiento desde dentro.

Cuando sufriste ansiedad o estrés diario, tu cuerpo se queda atrapado en el modo de "lucha o huida". Esto provoca dolor de cuello, espalda rígida o pesadez en el estómago.

La práctica somática actúa como un puente directo hacia tu sistema nervioso y estimula la autorregulación del nervio vago, ofreciéndole "señales de seguridad" a tu cerebro para que la musculatura pueda soltarse de forma natural y duradera.


Tres Micro-prácticas Somáticas de Yoga para Aliviar la Tensión en tres Minutos


Estas 3 prácticas combinan principios del yoga y la autorregulación somática para aliviar el estrés rápidamente en cualquier momento del día:


Orientación Espacial: Tu primer recurso contra la ansiedad


Cuando sentimos estrés, la vista se estrecha y nos quedamos atrapados en la pantalla o en bucles mentales. Orientarse es la forma más rápida en yoga de indicarle al cerebro que el espacio presente es seguro.

  • Cómo hacerlo: Pausa lo que estés haciendo. Mueve la cabeza y los ojos despacio, sin prisa, explorando el espacio a tu alrededor. Busca tres objetos o colores que te resulten agradables y tómate 5 segundos para mirar cada uno. Nota cómo se afloja la tensión en la nuca y el cuello.


Auto contacto de Sostén: Escucha y presencia corporal


El tacto amable estimula el nervio vago, responsable de activar la respuesta de descanso y digestión de tu cuerpo.

  • Cómo hacerlo: Lleva una mano al centro del pecho y la otra sobre el abdomen o la zona lumbar. No intentes cambiar tu postura ni tu respiración. Siente el peso y la calidez de tus manos. Permítete percibir el movimiento natural de tu respiración bajo las palmas durante un minuto.


Exhalación con Suspiro: Liberación para cuello, hombros y tórax


En las clases de yoga sabemos que la respiración es la clave. La exhalación con sonido libera la fascia torácica y el diafragma sin forzar la capacidad pulmonar.

  • Cómo hacerlo: Inhala de forma natural por la nariz y deja salir el aire por la boca con un suspiro audible suave (ahhh). Repite 3 veces. Presta atención a la sensación de descarga en los hombros y la mandíbula al terminar.


De la postura a la autorregulación cotidiana

Hacer yoga en la esterilla es maravilloso, pero el verdadero cambio ocurre cuando llevas esa presencia a tu día a día. La autorregulación somática consiste en aprender a escuchar las primeras señales de incomodidad o tensión en el cuerpo antes de llegar al agotamiento.

Integrar estas micro-pausas a lo largo de tu jornada te ayudará a no acumular estrés en silencio y a reconectar con ese estado de presencia y soltura corporal que todas las personas buscamos.



¿Quieres seguir profundizando?

Si quieres experimentar un trabajo corporal más profundo guiado por mí, te acompaño de dos formas según lo que necesite tu cuerpo hoy:

  • Acompañamiento Privado e Individual: Sesiones 1:1 de yoga y práctica somática diseñadas exclusivamente para ti. Ideal si gestionas dolor crónico, lesiones, periodos de alto estrés o si buscas un espacio íntimo y adaptado 100% a tus necesidades.

  • Clases de Yoga Somático Online en Directo: Sesiones grupales semanales en directo para practicar juntos desde donde estés, crear el hábito de la presencia corporal y regalarte un espacio sostenido de autorregulación.


Nos vemos en la esterilla,

Marta Lorme

Yoga Somático, regulación sistema nervioso y movimiento consciente





Mujer practicando yoga somático junto a un río para favorecer la regulación del sistema nervioso.
¿Alguna vez has sentido que tu cuerpo intenta decirte algo?
Lo que el dolor, el estrés y tu sistema nervioso intentan decirte.

Quizá llevas semanas con tensión en el cuello, la mandíbula apretada o una sensación

constante de cansancio. Tal vez duermes, pero no descansas. O notas molestias en la espalda que aparecen y desaparecen sin una causa clara.

Vivimos en una sociedad que nos ha enseñado a escuchar antes la mente que el cuerpo. Nos acostumbramos a ignorar pequeñas señales hasta que el malestar se vuelve tan intenso que ya no podemos seguir pasándolo por alto.

Sin embargo, el cuerpo rara vez cambia de un día para otro. Normalmente lleva tiempo adaptándose al ritmo de vida, al estrés, a las preocupaciones y a las experiencias que vivimos.

Desde la perspectiva del yoga somático, estas señales no son un enemigo. Son una invitación a detenernos, observar y recuperar la conexión con nosotros mismos.


Porque el cuerpo no habla para molestarnos. Habla para protegernos.


¿Qué ocurre cuando vivimos demasiado tiempo en estado de alerta?

Nuestro sistema nervioso está diseñado para ayudarnos a afrontar situaciones difíciles.

Cuando percibe una amenaza, prepara al organismo para actuar: aumenta el tono muscular, modifica la respiración, incrementa la atención y moviliza energía.

Esta respuesta es completamente normal y necesaria.

El problema aparece cuando ese estado de alerta se mantiene durante demasiado tiempo.

Aunque el peligro haya desaparecido, el cuerpo puede seguir funcionando como si tuviera que protegerse constantemente.

Con el paso de los días o los meses esto puede reflejarse en la calidad del sueño, la respiración, la movilidad y la forma en que sentimos nuestro propio cuerpo.


El cuerpo no está fallando. Está intentando adaptarse.


El dolor también puede ser una señal de protección

Cuando sentimos dolor solemos pensar inmediatamente que existe una lesión o un problema físico. Sin embargo, hoy sabemos que el dolor es mucho más complejo.

Es una experiencia que depende de muchos factores: el estado de los tejidos, el sistema nervioso, el descanso, el estrés, el movimiento, nuestras experiencias previas e incluso la sensación de seguridad que percibe el organismo.

Cuando existe una lesión, el dolor cumple una función muy importante: protegernos para favorecer la recuperación.

Pero cuando el estrés, la sobrecarga o la tensión se mantienen durante mucho tiempo, el sistema nervioso puede volverse más sensible. En algunas personas esto hace que molestias habituales se perciban con mayor intensidad o que el cuerpo permanezca en un estado constante de protección.

Esto no significa que el dolor sea imaginario. El dolor siempre es real.

Significa que la forma en que el sistema nervioso interpreta la información también influye en cómo lo experimentamos.

Por eso, además de recibir una valoración médica o fisioterapéutica cuando sea necesaria, muchas personas encuentran beneficios en estrategias que favorecen el movimiento consciente, la respiración, el descanso y la regulación del sistema nervioso.



Mujer con tensión en la espalda practicando conciencia corporal y yoga somático para favorecer la regulación del sistema nervioso.

1. Tu cuello y tus hombros permanecen tensos

Muchas personas sienten necesidad de masajear continuamente la zona cervical o descubren que elevan los hombros mientras trabajan sin darse cuenta.

La tensión muscular puede estar relacionada con diferentes factores: largas horas sentado, movimientos repetitivos, falta de descanso o un organismo que permanece demasiado tiempo en estado de alerta.

2. Aprietas la mandíbula sin darte cuenta

La mandíbula suele reflejar nuestro nivel de activación.

Es frecuente apretar los dientes mientras trabajamos, conducimos o incluso durante la noche.

Tomar conciencia de este patrón suele ser el primer paso para empezar a modificarlo.

3. Tu respiración se ha vuelto superficial

La respiración cambia constantemente según cómo nos sentimos.

Cuando experimentamos seguridad suele hacerse más amplia y tranquila.

En épocas de estrés prolongado es frecuente que se vuelva más rápida y superficial.

No se trata de obligarse a respirar profundamente.

Se trata de ayudar al organismo a recuperar una sensación de calma.

4. Descansas… pero no consigues recuperarte

Dormir muchas horas no siempre significa descansar.

La calidad del descanso depende también del estado del sistema nervioso.

Hay personas que se levantan cansadas incluso después de haber dormido toda la noche.

5. No sabes estar quieto

Cuando por fin llega el tiempo libre, algunas personas sienten la necesidad de seguir haciendo cosas.

El cuerpo puede acostumbrarse tanto al ritmo acelerado que detenerse resulta incómodo.

Aprender a descansar también forma parte del bienestar.

6. Tu cuerpo se siente rígido

Rigidez en la espalda. Caderas poco móviles.

Sensación de estar bloqueado. No siempre existe una única causa.

En muchas ocasiones el cuerpo necesita recuperar movimiento, variabilidad y confianza antes que realizar un esfuerzo mayor.

7. Has dejado de escuchar lo que necesitas

Quizá esta sea la señal más importante.

Vivimos pendientes del reloj, del trabajo y de las obligaciones.

Pero pocas veces nos detenemos para preguntarnos:

¿Cómo estoy realmente en este momento?

Escuchar el cuerpo no significa obsesionarse con las sensaciones.

Significa desarrollar la capacidad de reconocer nuestras necesidades antes de llegar al agotamiento.

¿Cómo puede ayudarte el yoga somático? Si quieres conocer mejor este enfoque puedes leer mi artículo

¿Qué es la somática y como regula el sistema nervioso? https://www.martalormeyoga.com/blog

El yoga somático propone una forma diferente de relacionarnos con el cuerpo.

No busca alcanzar la postura perfecta ni exige un rendimiento determinado.

Invita a explorar el movimiento con curiosidad, respiración consciente y atención plena.

Muchas personas descubren que empiezan a identificar patrones de tensión que antes pasaban desapercibidos y desarrollan más recursos para responder al estrés con mayor flexibilidad.


Cuando aprendemos a movernos desde la escucha y no desde la exigencia, el cuerpo suele responder de una forma diferente.



Ilustración del sistema nervioso mostrando su relación con el estrés , el dolor, la tensión corporal y la regulación con el organismo.

Escuchar antes que corregir

Vivimos en una cultura que constantemente nos invita a hacer más.

Pero muchas veces el cuerpo necesita justamente lo contrario.

Necesita ser escuchado.

Cada respiración consciente.

Cada pausa.

Cada movimiento realizado con atención.

Todo ello puede convertirse en una oportunidad para recuperar una relación más amable con nosotros mismos.

No se trata de luchar contra el cuerpo.

Se trata de aprender a colaborar con él.


Una invitación

Si alguna de estas señales te resulta familiar, quizá tu cuerpo esté intentando llamar tu atención.

En mis sesiones de Yoga Somático, tanto online en directo como presenciales, trabajamos desde el movimiento consciente, la respiración y la regulación del sistema nervioso para ayudarte a recuperar una relación más consciente con tu cuerpo.


Porque cuando aprendemos a escucharlo…

Muchas cosas empiezan a cambiar.


bottom of page