Habitar el cuerpo : volver a sentirte desde dentro
- hace 3 días
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En un mercado repleto de propuestas centradas en la exigencia física, la estética o el rendimiento, cada vez encontramos más espacios que nos invitan a relacionarnos con el cuerpo de otra manera. En el ritmo diario en el que vivimos, es muy fácil convertir nuestra mente en una "torre de control" y tratar al cuerpo como un simple vehículo de transporte: algo que nos lleva de un lado a otro, que se fatiga, que a veces duele o molesta, pero al que rara vez escuchamos con verdadera presencia.
Nos acostumbramos a pensar el cuerpo en lugar de habitarlo.
Nos miramos desde fuera, juzgamos nuestra postura, nuestro cansancio o nuestra tensión, pero nos olvidamos de la experiencia interna: de sentir cómo se mueve la respiración, el peso del cuerpo entregándose a la tierra o los pequeños cambios que aparecen en cada movimiento.
Habitar el cuerpo es una de esas invitaciones.
Es una expresión que escuchamos con frecuencia en mis clases y sesiones.
Pero, cuando decimos “habita tu cuerpo” ¿Qué significa realmente?
No significa simplemente estar dentro de él. Significa aprender a sentirlo, escucharlo y reconocer sus señales desde dentro, sin convertir cada sensación en algo que haya que corregir o cambiar.
Habitar el cuerpo es pasar de mirarlo a sentirlo.
Y este cambio, aparentemente sencillo, puede transformar profundamente nuestra manera de movernos, de relacionarnos con nosotros mismos y de estar en el mundo.
De objeto a sujeto: cambiar nuestra manera de mirar el cuerpo
Durante mucho tiempo hemos aprendido a relacionarnos con nuestro cuerpo principalmente desde fuera. Cómo se ve. Cómo debería ser. Qué habría que adelgazar, fortalecer, corregir o mejorar, etc.
El cuerpo puede convertirse así en un proyecto permanente: algo que tenemos que cuidar, transformar o mantener bajo control.
Pero hay otra posibilidad: experimentar el cuerpo desde dentro.
Sentir el peso de los pies sobre el suelo. Percibir cómo se mueve la respiración. Notar el movimiento de la columna. Reconocer la tensión que aparece en los hombros.
No para juzgar lo que encontramos. Simplemente para darnos cuenta.
Cuando dejamos de mirar el cuerpo únicamente como un objeto y empezamos a experimentarlo como parte de nuestra propia experiencia, aparece una relación diferente con él.
Ya no se trata solamente de preguntarnos:
¿Cómo está mi cuerpo? Sino también: ¿Cómo me siento dentro de mi cuerpo?
Sentir y orientarnos desde dentro
Habitar el cuerpo también implica desarrollar nuestra capacidad para percibir lo que está sucediendo en él.
La propiocepción nos permite orientarnos en el espacio y reconocer la posición y el movimiento de nuestro cuerpo. Pero nuestra experiencia corporal es mucho más amplia.
También podemos percibir la respiración, el ritmo interno, la tensión, el cansancio, la temperatura o diferentes cambios en nuestro estado...
Son señales que están ahí constantemente. Sin embargo, muchas veces vivimos tan volcados hacia fuera que dejamos de escucharlas. Seguimos trabajando cuando estamos cansados. Seguimos haciendo cuando necesitamos parar. Seguimos exigiéndonos cuando nuestro cuerpo está pidiendo otra cosa.
No porque no tengamos señales.
Sino porque hemos aprendido a ignorarlas.
Habitar el cuerpo es recuperar poco a poco esa escucha.
No necesitamos interpretar inmediatamente todo lo que sentimos. A veces basta con poder reconocer: "Esto es lo que está pasando ahora".
Presencia sin juicio
Habitar el cuerpo tampoco significa buscar únicamente sensaciones agradables.
Esta es una diferencia importante. En ocasiones podemos encontrarnos con tensión, cansancio, incomodidad, inquietud o incluso con sensaciones que preferiríamos no sentir.
La invitación no es obligarnos a permanecer ahí ni intentar relajarnos a toda costa.
Es poder acercarnos a nuestra experiencia con curiosidad y menos exigencia.
Preguntarnos:
"¿Puedo sentir esto sin tener que cambiarlo inmediatamente?"
A veces, cuando dejamos de luchar contra una sensación, nuestra relación con ella empieza a cambiar.
No necesariamente porque desaparezca, sino porque dejamos de añadir una segunda capa de tensión: "Esto no debería estar aquí. Tendría que estar mejor. Tengo que conseguir relajarme"...
Habitar el cuerpo también es aprender a estar con lo que hay.
Del hacer al sentir
Estamos muy acostumbrados a hacer. Hacer ejercicio. Alcanzar una postura. Estirar más. Fortalecer. Corregir. Conseguir, etc. Incluso en yoga podemos entrar fácilmente en esta lógica. Intentamos hacer la postura correctamente, llegar más lejos o conseguir que nuestro cuerpo se parezca a una determinada forma.
Pero podemos introducir otra pregunta:
¿Qué estoy sintiendo mientras hago?
Esta pregunta cambia la experiencia. El movimiento deja de ser únicamente algo que ejecutamos y puede convertirse también en una forma de escucharnos.
Quizá descubres que hoy necesitas menos intensidad. O que un movimiento pequeño resulta más interesante que uno grande. O que respirar de una determinada manera cambia cómo percibes una zona del cuerpo. O que puedes permanecer en una postura sin necesidad de llevarla al límite.
El objetivo deja de ser conseguir una forma y empieza a ser conocer mejor tu experiencia.
Habitar el cuerpo también es reconocer nuestros límites
Escuchar el cuerpo no significa hacer siempre lo que nos apetece.
Significa poder reconocer cuándo algo necesita más espacio, cuándo necesitamos parar, cuándo podemos avanzar y cuándo necesitamos cambiar de dirección. Los límites corporales no son necesariamente obstáculos. También pueden ser información.
En una práctica de movimiento consciente podemos aprender a diferenciar entre esfuerzo y exceso, entre una sensación nueva y una señal de alarma, entre el deseo de explorar y la necesidad de detenernos. Esta escucha requiere tiempo. Y requiere algo que nuestra cultura no siempre favorece: ir más despacio.
Qué relación tiene todo esto con el yoga somático?
El yoga somático propone una manera de acercarnos a la práctica en la que la experiencia interna tiene tanto valor como la forma externa.
No se trata únicamente de hacer una postura de una determinada manera porque alguien nos diga cómo debe ser. Se trata de explorar. Sentir. Comparar. Observar.
Encontrar diferentes posibilidades de movimiento.
En una práctica de yoga somático puede haber momentos de quietud y momentos de movimiento, respiración, exploración corporal, pausas y diferentes propuestas de yoga.
La pregunta no es únicamente:
¿Puedo hacer esta postura?
También puede ser:
¿Cómo se siente hacerla de esta manera?
Y esa diferencia abre un espacio enorme para la conciencia corporal.
Habitar el cuerpo no es sentirlo todo
A veces podemos pensar que estar más conectados con nuestro cuerpo significa ser conscientes de cada sensación constantemente. No es necesario.
Habitar el cuerpo no significa estar pendientes de él todo el tiempo.
Significa poder volver a él.
Volver a los pies cuando estamos demasiado en la cabeza.
Volver a la respiración cuando hemos perdido el ritmo.
Volver al movimiento cuando llevamos demasiado tiempo inmóviles.
Volver a sentirnos cuando hemos pasado muchas horas funcionando en automático.
No se trata de permanecer siempre conectados.
Se trata de recuperar la capacidad de regresar

Un acto de retorno a casa
Bajar de la cabeza al cuerpo: dejar por un momento el diálogo mental constante y llevar nuestra atención hacia las sensaciones, la respiración y el movimiento.
Escuchar sin juzgar: permitir que la tensión, la rigidez, el cansancio o la sensibilidad estén presentes sin apresurarnos a corregirlos o hacerlos desaparecer.
Desarrollar la percepción corporal: reconocer dónde estamos, cómo nos estamos moviendo y qué sensaciones aparecen mientras respiramos, nos desplazamos o permanecemos quietos.
Cuando estamos realmente presentes en una postura, la práctica deja de ser únicamente una ejecución mecánica para convertirse en una experiencia sensorial.
La pregunta deja de ser solamente “¿estoy haciendo bien esta postura?” y aparece otra:
“¿Qué estoy sintiendo mientras estoy aquí?”
La textura de la experiencia interna
Cuando cerramos los ojos, disminuimos el ritmo y nos permitimos permanecer unos instantes en quietud, podemos empezar a percibir cosas que normalmente pasan desapercibidas.
Quizá aparece calor.
Una sensación de expansión. Una pulsación. El movimiento de la respiración.
Una zona del cuerpo que antes no estábamos sintiendo. O simplemente una mayor sensación de presencia. No necesitamos ponerle una explicación inmediata.
Podemos simplemente sentir.
Habitar el cuerpo no es algo que se logre solo leyendo o pensando; es un entrenamiento constante. Mis clases son un espacio de pausa diseñado para acompañarte a bajar el ritmo, escuchar lo que necesitas y practicar este retorno a ti.
"Si sientes que es momento de dejar de exigirle a tu cuerpo y empezar a escucharlo, te espero en el mat.
¿Quieres llevar este enfoque a tu práctica habitual?
Elige la modalidad que mejor se adapte a tu momento:
Clases grupales: Círculos reducidos para profundizar con calma.
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Formato online en directo 90min
Presencial
Marta Lorme
Yoga somático, movimiento y regulación sistema nervioso.
Con calma y presencia





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